Ifo es el acrónimo de Information und Forschung (Información e Investigación), uno de los think tanks más influyentes en Alemania en materia de política económica. Fundado en 1949 da empleo a 150 personas, de los cuales aproximadamente la mitad son investigadores. Desde 1999 su presidente es el doctor en economía Hans-Werner Sinn, autor de numerosos artículos en prensa, varios libros, y asesor del ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble. Además es frecuente oír su voz en radio y televisión, donde ha participado en diversos programas de entrevistas.
El pasado sábado día 2 El País publicaba un artículo títulado “España tendrá 10 años más de crisis y una devaluación interna del 30%”. Detrás de este desmoralizante título, están las opiniones que Sinn ha concedido al periodista Claudi Pérez en la sede del Centro de Estudios Políticos Europeos de Bruselas. Las palabras de Sinn son bastantes claras, pero para mi gusto el mensaje está edulcorado todavía con ciertos eufemismos técnicos, que disimulan la crudeza del mensaje. Creo que resultaría interesante reescribir libremente parte de la entrevista sin su uso.
Con el permiso del señor Sinn, el resultado podría ser algo a así:
Pregunta. Considera que el Sur apenas ha iniciado la senda de ajustes. ¿De qué han servido entonces tres años de austeridad?
Respuesta. Gracias al euro países como España vivieron durante muchos años una gran fiesta, fruto de la llegada de capitales masivos procedentes principalmente de Alemania. La mala gestión política y económica, plagada de errores y de corrupción, llevó a la economía de estos países a la bancarrota, dejando un pufo de deuda colosal. Arreglar este desaguisado no es fácil, y no hay otra alternativa que pasarlo mal, muy mal. El único camino viable, si se quiere mantener el euro, es que los países del Sur se empobrezcan respecto a los del Norte. Algunos países, los más pequeños, como Grecia o Portugal, pueden dejar el euro si quieren, son más carga que beneficio. Por descontado, si se van no hay garantía alguna de que vayan a dejar de ser más pobres, pero al menos serán libres de su destino. Si se quedan, y eso incluye a España, que por su tamaño debe quedarse, nos le queda otra que ser un 30% más pobres que al comienzo de la crisis. El proceso justo ha comenzado, lo que está pasando en el Sur de Europa es sólo el principio.
P. ¿Qué le espera a España?
R. Lo dicho, ser un 30% más pobres. Bajar un 30% los salarios se puede hacer de un día por otro, pero claro, es arriesgado, puede que la gente no lo entienda y se rebele, por eso el proceso ha de ser lento, lento pero constante. Más o menos, unos 10 años debe ser suficiente. Estoy muy esperanzado con España, el camino iniciado por Rajoy es el correcto, y además el pueblo español lo está encajando bien. A este paso, pronto las empresas podrán fabricar en España productos muy competitivos, fruto de unos salarios equiparables al de las economías emergentes.
P. ¿Alemania no debería cambiar de política para hacer más suave esa travesía del desierto?
R. Alemania no debe depositar sus beneficios en otro país que no sea la propia Alemania, lo cual provocará un burbuja, que ya se empieza a vislumbrar en sectores como la construcción. Inevitablemente habrá salarios y precios más altos, lo cual no es bueno para Alemanía, pero sí de retruque para los países del Sur, que tendrán más opciones de vender en el mercado alemán. Si no existiese el euro, este efecto sería equivalente al de una devaluación monetaria, pero como existe, simplemente no es posible, y el efecto se debe conseguir vía reducción salarial.
P. ¿Así de fácil?
R. Bajar salarios realmente no será suficiente. Alemania comenzará a consumir más, pero no habrá fiesta como en el Sur. Los alemanes tienen un miedo paranoico a la inflación, que se lo impide. Por eso, los países del Sur deberán hacer más esfuerzos que bajar meramente salarios. Subir el IVA, y tener menos ayuda social son buenas ideas que ayudarían a mejorar la competitividad en estos países. En algunos casos hay que plantearse perdonar parte de la deuda, pero sólo en el supuesto de que el país realmente no pueda devolver lo debido. Es mejor hacer eso, que no tener que dejar más dinero.
P. ¿Un consejo para Rajoy?
R. Debe acometer sin dilación otra reforma laboral, que permita pagar salarios más bajos. Rajoy no tiene ningún futuro de ser reelegido, pero eso es un problema para él, y para nadie más. Lo que tiene que hacer es muy fácil, y ya ha demostrado sobradamente que lo sabe hacer, recortar se le da bien.
P. Aconseja germanizar España: trasladar el modelo alemán a toda Europa.
R. Genau (exacto)
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viernes, 8 de marzo de 2013
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Las consecuencias de los errores político-económicos (I)
Los errores políticos en
marcroeconomía se pagan caros. Las decisiones tomadas en ciertos
momentos y en ciertos entornos pueden ser el origen de hechos que
lleven a la miseria a cientos de miles de personas, generando
tiempos de revueltas y saqueos, provocando, en definitiva, el caos y
la destrucción temporal del sistema. Sorprende entonces que se exija
tan poco para ejercer la política: nacionalidad y mayoría de edad
es básicamente todo el currículum necesario, incluso para dirigir un
país. Pero este no es el tema ahora, ya que lo que se pretende en
los próximos dos artículos es ilustrar mediante ejemplos históricos
las tremendas consecuencias que pueden acarrean las malas decisiones macroeconómicas tomadas por los políticos.
LA HIPERINFLACIÓN
ALEMANA ( 1.922-1.923 )
El Tratado de Versalles firmado el 28 de junio de 1.919 marcó el final de la Primera Guerra Mundial. Las disposiciones impuestas por el tratado supusieron para Alemania la pérdida del 75 por ciento de sus reservas de mineral de hierro, el 25 por ciento de las de carbón y el 20 por ciento de su capacidad productiva de hierro y acero; así como la obligación de pagar ingentes reparaciones de guerra en forma de dinero. Cinco meses después de la firma del Tratado, se sancionaba en la población de Weimar la Constitución que daba nacimiento al II Reich alemán. La Constitución de Weimar definía al imperio alemán como una república federal con nueve estados, encabezada por un presidente elegido por votación popular, el cual a su vez tenía la facultad de elegir al canciller para que formara un gobierno. La Constitución de Weimar junto a la Constitución de México sancionada dos años antes, dieron origen al constitucionalismo social, que estableció el Estado de bienestar y reconoció los derechos de los trabajadores.
Durante la Primera Guerra Mundial el gobierno alemán acuciado por el coste de la contienda decidió comenzar a emitir papel moneda, llamando Papiermark a estas nuevas emisiones, que a diferencia del marco oro, Goldmark, carecía de respaldo en oro y no era convertible en este metal precioso. Esta decisión iba en contra del esquema del patrón oro de la época, el cual requería que todas las emisiones de papel moneda de un país estuvieran respaldadas por el más noble de los metales. Reparaciones de guerra y costosos programas de salud pública y bienestar social derivados de la nueva Constitución impidieron el abandono del Papiermark tras el fin de la guerra. Nada más lejos de ello. El gobierno gastaba mucho, en parte por culpa del "Diktak" de los aliados, en parte por la política social elegida, pero además recaudaba muy poco, los impuestos apenas cubrían el 15 por ciento de los gastos. En vez de subir los impuestos, y moderar el gasto social, la solución fue recurrir al Papiermark; dándole a la manivela de la máquina del dinero se disponía de la liquidez necesaria para hacer frente a los pagos del Estado. Es sabido que unos de los efectos de esta política monetaria es el aumento de precios o inflación. Lógico, la riqueza del país en un momento dado es la que es, el dinero es la representación virtual de esa riqueza, si pones en circulación más dinero de un día para otro, todos los productos que componen la riqueza del país tenderán a subir de precio, ya que dicha riqueza no aumenta sólo por el hecho de haber impreso más papel.
Y eso es precisamente lo que pasó, un proceso inflacionista que se autorealimentaba. Los precios subían, haciendo que el déficit público aumentase, para compensarlo el gobierno imprimía más papel, lo cual acarreaba nuevas subidas de precio, ante lo cual el gobierno volvía a imprimir más papel, y así sucesivamente. El colapso se produjo el 30 de octubre de 1923. Ese día, el precio del dólar norteamericano, que había valido 4 marcos en 1914, alcanzó la extraordinaria cotización de 6 billones de marcos.
Debido a la subida imparable de precios ( un sándwich que constaba un día 14.000 marcos pasaba al día siguiente a costar 40.000 marcos ), había que añadir cada vez más ceros a los billetes, llegaron a circular billetes de 100 billones de marcos. Así los billetes con menos ceros, emitidos no hacía muchos días o incluso horas, pasaban a no valer nada. No es de extrañar que la gente los usase como combustible para la calefacción, como papel de empapelar la casa, o que los niños jugasen en la calle con ellos. La mayoría de gente perdió todos sus ahorros, y el estado dejó de recaudar impuestos, ya que simplemente había que retrasar el pago unos días para que la cantidad debida se convirtiese en pura calderilla. La Hacienda se hundió, y el gobierno, cada vez con menos ingresos, se financiaba exclusivamente a base de imprimir más y más billetes ( las imprentas no daban a basto ). La pobreza, el pillaje, los saqueos y revueltas se extendieron como la pólvora. La gente no entendía como de un día para otro se veían en esa situación de miseria y caos.
El gobierno lejos de reconocer sus errores, se inventaba chivos expiatorios. Los verdaderos causantes de aquella situación no eran otros que los aliados y los banqueros y prestamistas. Estos últimos, en su mayoría de origen judío, comenzaron a estar en el punto de mira de muchos alemanes como causantes de la decadencia alemana a causa de su infinita codicia. Ese discurso fue recogido y amplificado por un tal Adolf Hitler, que gracias a la pérdida de fe de la gente en los mecanismos de la democracia y el capitalismo, que no habían podido protegerlos del desastre. pasó en poco tiempo de ser un perfecto desconocido a responsable de poner fin a la República de Weimar, instaurando diez años más tarde el III Reich.
La hiperinflacción alemana terminó en noviembre de 1.923 con la introducción del Rentenmark. La nueva moneda tenía su soporte en el valor de la tierra, y comenzó cotizándose a 4,2 unidades por dólar. La época de los ceros interminables en los billetes tocaba a su fin.
Actualmente Europa vuelve a estar en crisis, aunque curiosamente Alemania ya no es aquel país derrotado y hundido, ahora es el motor de Europa. Alemania sintió en sus carnes el problema de la inflación, y no sé de que manera, lo que pasó en aquellos años logró incorporarse en el ADN de los alemanes. Si hoy sentimos a Angela Merkel, o al presidente del Bundesbank, decir no y mil veces no a la financiación de los estados miembros mediante dinero del BCE es en parte a lo que sucedió tras la I Gran Guerra. Pero nadie mejor que Alemania debería saber que igual que te hundes y te recuperas, puedes volver a hundirte si cometes errores. Obsesionarse por mantener la inflación controlada, desatendiendo el resto de variables macroeconómicas puede acabar siendo también un error de consecuencias incontrolables. Puede acabar matando a la actual moneda de los alemanes. De momento, algo es seguro, Alemania no se volverá a hundir por los efectos de la hiperinflación. Pero para salvar el euro hay que hacer algunas concesiones, aunque esas supongan un cierto riesgo de subida de precios. Como en tiempos del II Reich, hay quien ya ha encontrado su particular chivo expiatorio. Esta vez le toca a los malgastadores y vagos vecinos del sur, que solo saben que gastar y pedir, gastar y pedir. Las verdades a medias, o las falsedades disfrazadas de verdad tienen consecuencias, y ya deberíamos haber aprendido que hay juegos a los que mejor no jugar.
sábado, 25 de agosto de 2012
La tragedia del euro
Hay
ciertos discursos que a uno le hacen perder un poco la compostura.
En general, pasa siempre que se falta a la realidad, y en particular,
cuando además se hace de forma demagógica. Yo, por ejemplo, no
soporto que alguien diga cosas del tipo:
- Sin Alemania muchos de sus socios nunca hubieran disfrutado tipos de interés tan bajos y nunca podrían haber expandido sus gastos públicos sin una inflación importante. El euro y la garantía de rescate implícita por parte de Alemania les ha permitido vivir por encima de sus capacidades y a costa de los alemanes
- Es sólo gracias a Alemania que los intereses de la deuda pública italiana y española no están más altos
- Los periféricos tienen que reducir radicalmente los gastos estatales (que no se hace), tienen que bajar los impuestos (los suben), tienen que privatizar todas las empresas públicas (no se hace) y tienen que liberalizar profundamente los mercados, especialmente el mercado laboral (tampoco se hace)
- Se les había prometido que no habría rescates ( refiriéndose a los alemanes ), que están prohibidos en Maastricht, y los hay. Así que supongo que están descontentos y temen por el valor de su moneda. Lo que pasa es que todavía existe un cierto sentido de culpabilidad y el temor al aislamiento en Europa, que hace que todavía no haya aún más resistencia en Alemania.
Me
altero cuando leo este tipo de cosas, por mucho, que quién lo haya dicho se llame
Philipp
Bagus
sea
alemán, doctor y profesor de Economía en la URJC de Madrid, y
además haya escrito un libro llamado “La tragedia del euro”.
Me
extraña mucho que siendo alemán y además economista no sepa la
evolución de la deuda alemana de los últimos 14 años. Estoy seguro de que sí la conoce, y por eso digo que resulta demagógico afirmar que
“ciertos países han podido aumentar su gastos públicos sin mucha
inflación gracias a Alemania”.
Mientras que un cierto país llamado España, por ejemplo, mantenía un nivel de endeudamiento casi
constante desde el mismo momento de entrada en circulación del euro, tal y como marcan las normas comunitarias; Alemania veía como su deuda crecía año tras año, pasando de
los 1,295 billones de euro en el 2.002 a los 2,088 billones del pasado
año. En España el gasto público sólo se disparó en el momento en
que empezaron a sonar los primeros tambores de guerra ( agosto del 2.007, crisis de las "subprime" ). Es cierto que
si miramos sólo los últimos cinco años, los de la crisis, el crecimiento
de la deuda española en relación al PIB es espectacular, también lo es en Alemania,
pero menos. Todos sabemos que en el Gobierno de Zapatero muchas cosas
no se hicieron bien, pero si el déficit público se disparó, eso fue sólo en la segunda legislatura, cuando por falta de liquidez bancaria, el consumo cayó, las empresas
tuvieran pérdidas, aumentó muchísimo el paro, y eso provocó, por un lado,
menos ingresos en las arcas estatales, por otro, un enrome aumento
del gasto social. Todo junto, más déficit, más deuda. Mucha falta de visión y decisión por parte del entonces Gobierno socialista, también. A pesar de
todo, la deuda española aún estaba a principios de año 12,5% del
PIB más baja que la alemana.
Lo
que sí se debería preguntar el señor Bagus es por qué una
economía tan pequeña como la griega, está camino de ser el
detonante de tumbar a la 4ª Y 5ª economía europea. Por si no se ha
dado cuenta, estamos dentro de un mecanismo efecto dominó, donde
tras un país viene otro, y así sucesivamente. Y cuidado, que para
llegar a Alemania sólo faltarán dos estaciones cuando caiga
Italia, aunque mucho me temo que el final del colapso será
explosivo, y será toda la zona la que caiga a la vez.
Nada
de esto estaría seguramente pasando si el euro no hubiese nacido.
Los problemas financieros de los bancos se podrían haber resuelto de
una forma clásica: aumentando la liquidez de cada estado, vía
impresión de más dinero ( monetización de la deuda ), y/o a través de la devaluación de la
moneda. Esa flexibilidad se perdió en Maastricht, pero eso es harina de otro costal, que merece ser tratado en un capítulo aparte.
Me sorprende saber que el señor Bagus diga que Alemania debería salir del euro, aunque coincido parcialmente con él: Alemania y todos los países de la eurozona deberían abandonar el euro por incapacidad manifiesta de afrontar un proceso real de unión política, social y económica.
Me sorprende saber que el señor Bagus diga que Alemania debería salir del euro, aunque coincido parcialmente con él: Alemania y todos los países de la eurozona deberían abandonar el euro por incapacidad manifiesta de afrontar un proceso real de unión política, social y económica.
P.D.: El euro además de ser la moneda de los alemanes, lo es también de otros 19 estados.



