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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Sociología política de estar por casa

Con el único fin de encontrar respuestas por mí mismo a una pregunta, que de momento no desvelaré, y aprovechando que para escribir mi último post he estado chafardeando por la página del CIS; he creído interesante visualizar gráficamente la serie "Valoración de la situación política actual" del Barómetro. Los datos disponibles son mensuales desde 1.996 (excepto agosto, que el CIS se va de vacaciones). La información es por lo tanto bastante extensa, pero yo he pensado que para lo que busco me bastaría con representar sólo los datos del 2.011 y los meses trascurridos del presente 2.012. El resultado es la gráfica que de inmediato muestro.
A continuación algunas reflexiones, fruto de su observación, de la intuición, y algo, muy poco, de análisis:
  1. Entre un 40 y un 35% de los ciudadanos creen que la situación política es mala. El cambio de Gobierno del PSOE al PP ha tenido poco efecto sobre esta parte de la población: tras una reducción inicial de unos 5 puntos, la tendencia desde junio está siendo volver a los mimos niveles de la época Zapatero. De una forma intuitiva se podría pensar que este grupo se caracteriza por la desilusión, la desmotivación y la apatía política. Seguramente gran parte de los más de 11 millones (31%) de ciudadanos que no fueron a votar el 20-N forman parte del grupo.
  2. Por increíble que parezca, tanto con el anterior Gobierno, como con el actual, ha habido y hay gente que opina que la situación política es buena. Yo no conozco a nadie que opine así, pero si el CIS lo dice, será que existen. El primer mes del PP en la Moncloa  disparó el tamaño del grupo hasta un notable 7,8%. Sólo fue un espejismo, desde entonces caída libre hasta llegar a niveles de   Zapatero (2,3%). Su tamaño es tan bajo, que no merece la pena dedicarle mucho más tiempo.  
  3. Llegamos a la parte interesante: el grupo de los "muy mal" y "regular". Lo primero que llama la atención es el comportamiento casi simétrico que siguen sus respectivas curvas, dando a entender que hay un vasto grupo de ciudadanos (alrededor del 55%) que alternan el negativismo más absoluto con la aceptación resignada. Una bipolaridad que nos hace pensar que son ciudadanos que se resisten a tirar la toalla, creen, o quieren creer en el actual sistema, pero no parece que confíen mucho en los actuales políticos. Por eso la celebración de nuevas elecciones y el cambio de Gobierno, se tradujo en un descenso brusco de la curva del "muy mal". Era la ilusión y la esperanza del cambio, que experimentó casi un 15% de los españoles. Por desgracia para Rajoy y los suyos, esa ilusión se ha evaporado en tan sólo 6 meses de gobierno (todo un récord), y no se ha detenido ahí. Hoy en día ya hay un 40% de ciudadanos que piensan que la situación es muy mala. Y la curva parce que no tenga intención de pararse ahí.
Ha llegado el momento de desvelar mi pregunta, y que no es otra que la siguiente: ¿cómo un Gobierno como el actual, que está desmontando a golpe de hacha todo lo que tanto tiempo y esfuerzo costó edificar, continuaría siendo la fuerza más votada si mañana hubiera elecciones generales (ver post anterior)? Sé que la clave de la respuesta está en la curva que acabamos de ver. Mi intuición me dice que estoy muy cerca de entenderlo, pero se hace tarde y necesito tener la cabeza fresca para continuar. Además desde hace una hora yo debería estar de huelga (aunque, ¿hacen huelga los blogueros?), no vaya a ser que venga un piquete y se cargue lo que su tiempo me llevó escribir.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Miedos, medios y noticias

Hace tiempo que ronda por mi cabeza una duda: ¿son nuestras preocupaciones fruto de nuestras experiencias o de las de nuestro entorno más inmediato, o en realidad son los medios de comunicación los que nos guían hacia ellas? Hay muchos ejemplos de noticias que han pasado la frontera para convertirse en monotemas, una especie de obsesión con la que nos machacan diarios y televisiones durante un tiempo. A bote pronto se me ocurren una pocas: los ataques de perros, los asaltos a viviendas, la gripe A o los autocares del Imserso. 

Reconozco que desde bien pequeñito me han dado respeto los perros, pero el pánico que siento cada vez que me cruzo con un rottweiler o un pit bull, especialmente si voy acompañado de mis hijas, supera la irracionalidad. Y es que yo jamás he visto a uno de esos perros en actitud peligrosa, es más, creo que ni siquiera sé cómo ladran, pero ello no impide que su sola imagen proyecte en mi cerebro recuerdos de noticias de niños y adultos atacados salvajemente por alguno de esos perros cabezones. Debió ser por el 2.001 cuando sentí que los medios comenzaron a bombardearme con sus ataques. Ignoro si antes no había casos, si fue el cambio de milenio y el temido efecto 2.000 (vaya, otro monotema) el que desató la furia de los canes, o simplemente sólo se trató de una triste coincidencia, que concentró muchos casos en un corto intervalo de tiempo. Sea como fuere, el pánico se instaló y ahí sigue.

Sobre la gripe A no voy a hablar, ya que creo que hay muy pocas dudas de que se trató de uno de los casos más escandalosos de manipulación informativa de los últimos años. Hablaré en cambio de los asaltos a viviendas. Mi memoria me dice que debió de ser alrededor del 2.006 o 2.007 cuando en los telediarios se hablaba día sí y día también de chalets y pisos asaltados. Asaltos en los que no solamente había robos, sino también, agresiones, palizas y asesinatos. Esta vez el aluvión de noticias no me condujo a una psicosis que me llevase a impedir dormir tranquilo por las noches. En aquella época yo no conocía de casos reales cercanos: ni familiares, ni amigos, ni conocidos; así que en cuanto las noticias de robos domésticos fueron sustituidas en las primeras planas por otras de otro tipo, el tema fue cayendo poco a poco en el olvido. Hasta hará cosa de un año, cuando por primera vez,  y por un compañero de trabajo, supe de viva voz lo extremadamente fácil que es entrar en las viviendas ajenas. Por suerte para él y su familia, en el momento en que le entraron a robar sólo estaba su perro, que al no ser de los denominados peligrosos poca cosa pudo hacer, salvo recibir alguna que otra patada, que lo dejo traumatizado. Que no hubiese violencia contra las personas no impidió que el relato me produjese un poco de repelús, bueno, bastante repelús. Luego vinieron más casos de amigos o de compañeros, relatados en primera o tercera persona. Sin duda, hoy puedo decir que el problema de sentirme seguro en casa se ha vuelto uno de mis principales motivos de intranquilidad. 

Pero, ¿está fundamentado ese miedo? La verdad es que las noticias se habla muy poco de ello, casi nada si se compara con lo que pasaba hace sólo unos cinco o seis años, ¿no será pues, que al ser un poco más mayor me esté volviendo más cagado, y comience a ver amenazas donde no las hay? Para salir de dudas mejor echar un vistazo a los datos que facilita el Ministerio de Interior sobre el tema, y que son reproducidos en el siguiente gráfico. El dato de 2.012 mostrado es sólo una extrapolación basada en el número de casos hasta mitad de año.
Fuente: Ministerio del Interior
Lo primero que llama la atención es que los años de mayor boom informativo coinciden con la tasa de criminalidad más baja. Curiosa paradoja. En segundo lugar, se observa que desde que empezó la crisis, el número de viviendas asaltadas va creciendo paulatinamente hasta alcanzar valores similares a los de hace diez años. Parece, pues, que de alguna manera mis miedos están justificados, aunque si uno lo piensa bien, no debería haber motivo de pánico. Si hace diez años yo vivía tan tranquilo, no debería ser diferente ahora, por cálculo de probabilidades no estamos mucho peor que entonces. 

Pero, ¿qué pasa con el resto de ciudadanos? ¿Hay también un repunte de preocupación, fruto de una realidad que ha empeorado? Lo mejor, echar mano del CIS y su conocido barómetro. No hay ninguna voz en concreto que hable de problemas de asaltos al hogar, pero si una voz más genérica denominada "inseguridad ciudadana". Dado que no pretendo hacer un estudio científico, la podemos usar. ¿Cómo ha sido su evolución en la última década? La siguiente gráfica la muestra.

Fuente: Centrro de Investigaciones Sociológicas
Una nueva paradoja, y ésta si cabe mayor, pues resulta que mientras la criminalidad crece, la percepción que tienen los españoles sobre el problema disminuye. ¿ Y qué pasa con el 2.006? Pues simplemente pasa que ese año, junto con el 2.007, forma parte del periodo donde menos viviendas fueron asaltadas. En cambio, para casi un 21% de españoles la inseguridad ciudadana fue uno de los principales problemas, contra el 4% del último barómetro.

Con todo esto no pretendo demostrar gran cosa. Mi pregunta con la que daba comienzo este artículo sigue abierta, pero hay algo de perogrullo que me quedó claro, y es que los medios de comunicación tienen mucho poder, especialmente en lo que tiene que ver con nuestros miedos y preocupaciones. Y es que a veces no importa tanto el mensaje, como la frecuencia e intensidad  con la que se lanza. Modulando esos parámetros parece que se pueden lograr efectos sorprendentes. Saber quién los controla es algo que también me despierta gran curiosidad, pero ése sigue siendo para mi también un tema abierto.

viernes, 31 de agosto de 2012

El Gobierno cerrará la legislatura con un millón más de parados

Eso si se cumplen las mejores perspectivas para la economía española, es decir, si la previsión del PIB para el año en curso y los siguientes tres se acerca a lo estimado por el Gobierno el pasado mes de julio. En caso de que estas estimaciones sean demasiado optimistas, tal y como apuntan todas las fuentes que no sean el propio Gobierno: FMI, Moody's, etc., el balance de destrucción de empleo todavía podrá ser mayor, alcanzándose la escalofriante cifra de 1.435.000 desempleados más que en diciembre de 2.011


Todo ello se desprenden de la aplicación de las previsiones de crecimiento de nuestra economía en un modelo basado en la conocida ley macroeconómica de Okun. 

Resulta significativo que según este modelo solo habrá un tímido repunte en el crecimiento de la ocupación en los teóricos últimos doce meses de la era Rajoy. Aunque el 2.014 suponga el primer año de recuperación de la economía ( +1,4% según el Gobierno, +0,9% según el FMI ), eso no tendrá a penas efecto visibles en la ocupación. Eso es debido a que según el modelo de Okun, la economía española necesita tasas de crecimiento superiores al 1,34% para comenzar a crear empleo neto. 

Según el último barómetro del CIS el paro es la preocupación número de los españoles (77,8%), seguido de los problemas económicos (46,3%) y la clase política (24,3%). Debe resultar muy frustrante para  un Gobierno tener que gobernar a base de decretazos en cada  Consejo de Ministros, pero más debe ser saber que por mucha reforma laboral, financiera, o del tipo que sea, en el problema número uno están condenados a fracasar. Y es que así es como valorarán los ciudadanos la gestión del Gobierno en materia de desempleo, como un enorme fracaso, ya que más de un millón de puestos destruidos después de cuatro años de gobierno es un fracaso, se mire como se mire.

Intentar explicar que sin sus medidas de recorte, sin su buen saber hacer, la cosa habría sido mucho peor, resultará vano. Primero por que ya hay una cuarta parte de la ciudadanía que ve a los políticos como un problema en sí mismo. Segundo, por que este Gobierno no comunica bien, y sin explicaciones, muchos serán los que piensen que las cosas podrían haber sido de otra manera, que no hacía falta desmontar en tan poco tiempo todo lo que tanto costó levantar, y menos para ser incapaz de arreglar el problema que más importa: tener un trabajo que permita llevar el pan a casa. Todo lo que puedan decir sonará, suena, a música celestial.